#2 Berensky

Hoy he visto a Berensky.

No busquéis en vuestra memoria alguna cita u obra famosa firmada por ese nombre: Berensky es sólo un amigo mío. Aunque… realmente es una descripción demasiado escasa e injusta para una de las criaturas más despreciables de la ciudad, quizás de la región, tal vez del país y con entrenamiento diario del continente.

Creo que debería decir mucho de nosotros que somos sus amigos y seguimos quedando con él despues de haberlo conocido, de haber descubierto como es su alma. Está podrido, se ve la peste de su espíritu emanando de sus ojos de color verde caduco cuando habla, y siempre habla lanzando chispas relampagueantes con sus miradas al tiempo que vomita bocanadas de insultos en llamas. Berensy no conoce muchas palabras amables porque no tiene ocasión de usarlas: odia al mundo,  odia a la gente y su forma de vida, odia lo establecido por cobarde continuación de lo normal y odia lo alternativo por ignorante pretensión de superioridad. Nos odia a nosotros por soportarle en lugar de ser valientes y apartarnos de su camino, odia a sus padres por haberlo tenido y educado, odia a su hermano porque intentó matarlo cuando apenas tenían cinco años. Odia el sol y a la luna a quienes considera metáforas de su triste condición por una triste relación amorosa que se truncó en su juventud. No hay piedra en el bosque o gozne de una puerta que Berensy no mire frunciendo el ceño y por eso cuando nos citamos con él y charlamos siempre caemos en una espiral de furia verbal.

¿Cómo podemos soportarle? Quizás os lo preguntéis, oh lectores invisibles. Confieso que he exagerado algunas cosas de él pero ha sido para plasmaros con la fuerza de una patada en la boca la imagen que tenemos de nuestro amigo. En realidad es leal a los principios que nos enlazan y por ello nos mantenemos próximos a él. Por eso y por miedo, porque se jacta de tener una pistola en casa y en su país, nos cuenta, mató a una persona y por eso huyó aquí. Dice que lo lamenta mucho, pero se refiere al haber escogido este país como residencia. De matar no se arrepiente: espeta con su fuerte acento que hay mucha gente que él querría matar y menea un puño cerrado ante nuestras caras, mirándonos airado como si fuesemos su próximo objetivo. Da escalofríos, pero en el fondo lo apreciamos.

Es curioso que un ser hecho de pura maldad también se haya ganado un hueco en nuestros días. Con él nos reímos mucho y ya nos ha revelado su corazón noble aún cuando en otros momentos nos deleita con su malicia de témpano de hielo. Supongo que su forma completa, la apariencia de este Maldoror moderno que tiene tanta sangre de inocentes que beber como lágrimas sinceras que verter es lo que nos ata tenazmentea su barbarie.

Todavía recuerdo el día en que lo conocí después de haberme dado una paliza y de dejarme atemorizado en el suelo se sentó sobre mi espalda y susurró al viento algún día, cuando la gente vuelva a tener corazón, bajaremos de la montaña.

¿Qué era aquel lamento misterioso? ¿Un acceso de pasional locura concentrada? ¿Recordaba algún beso que no pudo dar o a alguna mujer que no alcanzó a violar? Saber en qué piensa cuando llora en lugar de odiar me intriga. Me cautiva. Me tortura.

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~ por Verzo en julio 20, 2007.

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