#3 Vandalismo

Mis conocidos saben de sobras cuales son mis opiniones sobre el vandalismo, en especial con el vandalismo que me afecta a mí directamente. Es más o menos la misma opinión que tengo sobre una buena cantidad de delitos menores que son tomados tan a la ligera por la justicia. En mi juicio influye también el carácter del vandalo o del delincuente que al no conocer debo imaginar. A veces alguien hace un grafitti hermoso en una pared blanca recién pintada sin malicia, deseando únicamente crear algo decente y recordable mientras que otros en cambio se ponen delante de la puerta de mi casa y tallan su repugnante nombre en la madera.

Dibujo en mi mente retorcida al primero como un chaval que lleva una mochila con sprays y algunos libros de Hayek, Russel y un comic de Stan Lee. Decido exagerar menos y le quito el libro de Hayek y lo visto como un rapero, pero hago que me caiga bien. ¿Exagero, pensáis, al suponer a cándidos seres cmetiendo tales fechorías? Bueno, tranquilos, os adelanto que esta impresión benévola es una terapia que realizo para no ceder a un pensamiento fijo en mi alma: que todos los vandalos y delincuentes son unos completos hijos de puta. Su muerte, en estos casos, no me supondría una mácula moral en la conciencia. Por ello prefiero inventar historias que justifican una u otra gamberrada de algún modo poético a pensar que el tipo en cuestión es el clásico imbécil que vuelve con su manada de amigos, mugiendo y vomitando en el tren tras haberse gastado el dinero ganado en su caduco trabajo en la fárica en unos miserables vodkas en una discoteca dejada de la mano de los Dioses moribundos. Aquí otra parte del lectorado podría saltar escandalizado con sus argucias sociológicas criticando mi aversión hacia este tipo de gentes. “No todo el mundo va a ser igual” o “no puedes odiarles por ser diferentes” y también “han recibido otra educación y para ellos es normal”.

¡Ay, pero cuanto daño ha hecho el ser bueno! Si los hubiesen educado para sacrificar a gente de pelo rubio, ¿que hago? ¿Respeto su diversidad? ¿Acepto que otras culturas adoren mutilar a sus hijas a tierna edad? ¿Les ofrezco alimentos y sonrisas cuando se apedren unos a otros? Lo siento, no acepto eso como no acepto que determinados untermenschen -Odín bendiga a los alemanes, que estan en todo- puedan amenazarme por tener unas vidas tan tristes que los han abocado al alcohol y al frenesí los fines de semana. He recibido una educación liberal en la que cada uno es responsable de sus errores cuando estos no son justificables e incluso en algunas ocasiones en las que sí. Todo el mundo es dueño de sus actos y ha de apreciar sus consecuencias, a saber: soy un sádico asesino con ganas de una excusa para liarme a patadas con la entrepierna de algún alborotador.

A partir de aquí y ya más autodidácticamente he alcanzado la comprensión de que no toda vida es sagrada. Este es un pensamiento peligroso, pero cierto.

Todo esto se lo comenté a Galen y a Berensky el otro día cuando me robaron el sillín de la bicicleta. Berensky opinó que si pillaba a alguien robando el suyo esperaría a su espalda a que lo sustrayera, luego lo apalizaría y por último le introduciría el tubo de aluminio por el recto, lo cual no mata pero te obliga a sangrar durante horas y pasar varios días de verguenza en el hospital. También dice que de encontrarse a alguien haiendo pintadas en una pared cogería su escopeta recortada y le reventaría la mano. “¿No querías pintar la pared? Pues hala, hazlo con tu propia sangre.” Ya sabéis como es Berensky…

Galen por su parte excusa a los vándalos y a los delincuentes menores en general (aunque también los odie cuando le toca sufrir las consecuencias en lo particular). Acepta que yo invente historias de malhechores bienpensantes para no caer en una generalización peligrosa lo cual siempre lleva a la ira construida, al odio establecido y al orden estatal como solución. Nos recuerda a ambos que la responsabilidad no está mejor repartida que la razón en los hombres y que las clases (no sociales: las universales) no pueden ser utilizadas como análisis estadístico fijo. Ni todos los médicos son buenos ni todos los carteristas malvados. Berensky arguyó que todos los médicos son malvados, es un hecho que él ha comprobado y nos amenazó severamente si no le creíamos.

Después de hablar con ellos seguí pensando en el tema. Me compré un sillín nuevo y el barniz apagó un poco la firma sobre la madera. Creo que en el fondo la solución de este dilema es muy sencilla: laissez faire pues no somos superhombres en busca de la justicia unviersal. Caos y deosrden es un precio a pagar por la libertad, un precio que pago de buen grado. ¿Que hacer, entonces? Actuar en consecuencia, como dice Jalik: la próxima vez que un cretino me incordie, con la voluntad de las almas más grandes del firmamento desde Duchamp que volvió del mar para no hacer nada hasta Borges que ciego vio más lejos que nadie, le partiré la boca y le robaré la cartera.

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~ por Verzo en julio 22, 2007.

Una respuesta to “#3 Vandalismo”

  1. Tonterías… lo del sillín te lo merecías (y el resto de desgracias que te ocurran también).

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