#5 La Edad Oscura

Dentro de cientos de año se recordará la era en la que la humanidad abandonó la noche y vivió perennemente en la luz del día. Algunos optimistas añadirán la alegoría de una razón que se desasía de las ataduras de la superstición, de las promesas de la religión y las mentiras de la ignorancia. En realidad, lo único que es segurto visto desde mis ojos en la yema de estos dedos, es que recordarán y explicarán el apagón de Nueva York y sus consecuencias como un síntoma de la dependencia de esta civilización nuestra -tan caduca como cualquier otra- a la electricidad.

Otros apagones como el de Barcelona pasarán de largo como chispas allá donde ya estalló la deflagración. Aquel fue el ejemplo, lo nuestro la evidencia de su existencia. No es relevante para la humanidad que durante unos días hayamos desaparecido varios cientos de miles de personas, desconectadas del alma contemporánea. Sin electricidad la noche nos ha atrapado como nunca antes había hecho, conquistando los rincones de la ciudad, de mi habitación, de mi corazón. Las velas no alumbraban esas tinieblas.

Han aparecido ciertas voces críticas, aunque no soy capaz de entender qué estan atacando. Subrayan, por supuesto, que esta avería grave y nuestro decaimiento a la era de bronce son una triste y peligrosa demostración de nuestra dependencia y vulnerabilidad. Pero claro, puestos a poner estos ejemplos sy ahora una lluvia de meteoritos masacrara un pueblo de thuaregs en el Sahara podriamos ponderarlo y considerar las débil defensas anti-colisión a nivel espacial de la pobre África -cula de McDonalds y su política económica imperialista. También somos vulnerables a las piedras de cinco toneladas que nos aplastan  cuando escalamos una montaña, a las tormentas que nos azotan cuando cruzamos el mar, a los rayos que nos fríen cuando cruzamos un campo de trigo, a la cornada de una vaca.

El discurso de estos expertos e intelectuales lleva, según una progresión lógica, a que en la cueva troglodítica se vivía mejor. La dependencia es mala, pésima, evitable. Para ellos parece pertinente ignorar que el riesgo de perder el milagro de la electricidad compensa las noches iluminadas, los trenes, los hospitales, las bobinas tesla, la radio, la música, mis escritos… De nuevo, una vez más, el discurso anti-modernidad resonando por todas partes.

Hace un tiempo una amiga creyó volverse budista y empezó a predicar sus bondades, empezando por la dependencia drástica de los bienes materiales que nos había manipulado hasta convertirnos en seres felices al comprar pero ajenos a la verdadera alegría: la plenitud de espíritu siendo libre, desnudo, meditando bajo un olmo.

Le invité, primero, a desnudarse ante mi y a meditar bajo un platanero -qué remedio, no había más flora a mano- de inmediato. También le exigí su móvil, su ordenador, sus libros. No recuerdo exactamente porqué ella se negó, pero se defendió seguidamente confirmando que los bienes materiales nos habían esclavizado, que la modernidad nos había ahogado al volver la interrelación entre humanos indispensable para sobrevivir.

La modernidad… ¿seríamos más libres sin nadie alrededor, dependientes únicamente de nuestra habilidad para cazar y limpiando sin compañía la adusta cueva donde nos habríamos refugiado? ¿Seríamos más libres en la Edad de Bronce, libres del acoso de las minicadenas, las televisiones, los supermercados, y felizmente abrazados a las hambrunas, las plagas, las inundaciones? Francamente, prefiero una servidumbre en la que mi mayor enemigo desaparece con darle al botón de OFF, con dejar mi reproductor MP3 en casa, con apagar mi móvil y encenderlo cuando me plazca realmente escuchar aquella voz lejana que, en la edad de bronce, no habría podido volver a sentir. 

El apagón sigue adelante. Las voces críticas van volando como pajaros y yo no las sigo. Con toda probabilidad serán los mismos que cuando todo va bien no cejan de alabar lo maravillosas que son sus vidas, de adorar su sonrisa, de festejar con sus amistades la gloria de su existencia. No es de extrañar que tales cabezas vacías vean alegre el mundo sombrío y, luego, sombrío el mundo alegre.  

El apagón se apagará y regresará la normalidad. Los gritos contra la modernidad quizás sigan vibrando con otras excusas bajo la calida luz de argón de un fluorescente, sonriendo inconsciente de su condición de amo malvado de nuestros espíritus. Alguien lo mirará y lo detestará, alguien dará un puntapie a una probeta y clamará que todo lo real está en la voz de Dios plasmada en algún libro mohoso.

Ya ha vuelto la luz, pero la Edad Oscura sigue adelante.

Anuncios

~ por Verzo en julio 24, 2007.

3 comentarios to “#5 La Edad Oscura”

  1. Un tema menos para abordar en mi blog.

    Yo, desde luego, ya no temo a los apagones. Tengo a mano un buen “generador de hamster”.


  2. 🙂

  3. Gracias Listo por la visita y el detalle. Tu vida es aceptada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: