#8 Política

¿Que es política? 

A estas alturas y con la breve experiencia de una vida esquivando las disputas humanas (todas las “relaciones” vienen a terminar tarde o temprano en conflictos sanguinarios) o presenciando debates he alcanzado la epifanía de su defición: política es la gestión “hábil” de los argumentos diversos respecto de un tema y/o de la “óptima” solución para solucionar temas natural o artificialmente relacionados entre sí. Uso las palabras “hábil” y “óptima” entrecomillas porque no se trata de alcanzar una conclusión adecuada al Bien General, o Bien Mayor, o Bienestar Total. Se trata -porque precisamente eso es la política- de lo que sea mejor para sí mismo ya sea en materias de egoísmo material como de cumplimiento ideológico.

¿Quien hace política? Aquí se alcanza la comprensión de mi idea.

Hace política  el presidente de una ONG que cree firmemente en la Ayuda Humanitaria a ciegas e ignora los desastres de la ONU en África para seguir presionando al establishment y moviliza a sus socios para lograr un incremento de las prestaciones económicas; y lo hace porque cree en ello y porque ha de luchar por ello.

Hace política el partido que negocia con ferocidad y presión mediática un aumento de la inversión en una comunidad autónoma a expensas quizás de otras, y lo hace porque cree y está convencido de ello. Porque con ello ganará poder, ganará dinero o ganará fuerza para su comunidad si ese es su verdadero objetivo.

Hace política el compañero de trabajo que está enamorado de la chica de copistería que sale con el secretario segundo del jefe, al que le tiene rabia porque está más delgado y por simples celos. Per sabe que grapa mal las órdenes y llega siempre dos minutos tarde por la mañana y eso lo revela como un indisciplinado que debe ser castigado. Por eso mismo, porque cree fervientemente que ese tipo no es de confianza, estará al tanto de cualquier error suyo para comentárselo oportunamente a todos sus compañeros.

Eso es hacer campaña, que es la parte pública de la política. La privada es el cálculo, el frío raciocinio o la airada reacción que motiva las palabras o puñetazos que luego realizaremos.

La común opinión suele ser la de menospreciar la política como algo lejano e intocable. Se la tilda precipitadamente de corrupta y malvada, como si el oscuro precio que se paga por ser diputado o senador no lo pagaran los humildes vecinos de una ciudad cuando calumnian a un amigo, cuando mienten, cuando regatean, cuando sueñan.

Mi opinión particular es que si la gente desprecia tanto la política y se desentiende tanto de ella se merece una buena dictadura militar que los fuerce a trabajar 18 horas seguidas sin derecho a vacaciones. La apatía es el gran mal, es la prueba irrefutable de que merecen mi condena. “Que lo solucione el Estado” es otro pensamiento común que sigue a la perdida de confianza en el Gobierno. Es como no creer en las hadas y luego esperar que un milagro solucione tus problemas, como hacen los cristianos.

Eso si, la falta de entendimiento en este mundo de tinieblas y de infernales pactos secretos no impide que todo el mundo opine e invente las recetas más eficaces para solucionar este o aquel asunto. Todo el mundo charla sobre la política y casualmente sabe más que aquellos que se dedican a ella profesionalmente, cuyo dogma favorito suele ser el célebre “si yo fuera Mr. X esto lo arreglaba yo en dos días”. ¡Sí! ¡Medidas drásticas! ¡Igualito que Stalin, Chávez o Franco! ¡Qué emocionante ignorar la pluralidad de opciones!

Recuerdo aquí unas palabras de Jalik sobre este tema en particular, cuando comparaba este control inexperto y en manos de no-profesionales preguntándole a una mujer “¿usted dejaría que le operara un taxista en lugar de un médico?”. Se trataba de hacer que ella comprendiera que es mejor un analista político experto y veterano para comentar sobre política que un civil cualquiera. Bueno, le mujer no entendió el fondo de esta cuestión porque se revolvió gritando “Ah, ¿y qué tienes tú en contra de los taxistas?” ¡Bien! ¡Hemos vuelto a la época en la que hay que exterminar a los ciclistas y a los judíos! Jalik se excusó diciendo que no tiene problemas con los taxistas, pero que prefería a un médico experto a un pescador para hacerle la quimioterapia a un hijo enfermo. La mujer volvió a enfadarse: “¿Y que tienes ahora contra los pescadores?” ¡Venga, más judíos a los campos de concentración!

Annah Harendt concluyó que la cotidianedad del mal lo convierte en algo justificable primero, aceptable después y arraigada costumbre al final. Milan Kundera añadió que la ignorancia o la impasible indiferencia ante las maldades no te hacen inocente y en lugar de pretender serlo, uno debería avergonzarse sinceramente al saber lo que ha ocurrido a sus espaldas sin percatarse. Eso es lo que pasa actualmente con los tontos: hay quien los justifica porque los considera aceptables, otros creerán que exagero porque verán cierto grado de incompetencia como algo normal y estará acostumbrado a ello. Mientras tanto, los cafres seguirán cometiendo fallos y lamentándose, clamando piedad o perdón según les toque, perjudicando a otros tontos que terminan por compadecerse.

A veces creo que la profusión de tontos en el mundo, a parte de peligrosa, está provocada. Dios/los Dioses debe haberlo hecho a posta para convertir el planeta, como si de un programa de televisión se tratara, en una gigantesca comedia protagonizada por un sinfín de estúpidos. Por supuesto podría limitarme a estar sentado en un cómodo sofá y disfrutar también de esta obra tragicómica de no ser que con estos actores estoy obligado a convivir, a trabajar y a interactuar a diario. Serían divertidos de no contar con el apabullante problema de su número incesante que los hace omnipresentes. ¡No se trata de un problema mío para con ellos! Se trata del problema que tienen ellos conmigo, que ni entienden mi forma de ser y de ver el mundo ni mi sentido del humor. Por eso os digo ¡cuidaos de los estúpidos, pues ellos són las hordas leales de cualquier poder peligroso! 

Harendt y Kundera ya lo sospecharon aunque esta es mi opinión. Trato de convencer a mis conocidos de ella porque, al fin y al cabo, hace política el que trata de conseguir lo que quiere y lograr que encima le aplaudan por ello como si fuese un héroe.

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~ por Verzo en agosto 2, 2007.

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