#11 Feliz resultado

Por lo visto Kerouac viajó mucho y mal, dos adjetivos que se combinaron con su habilidad para terminar siendo unos escritos únicos. Nunca los he leído aunque he tenido la suerte de oir a Álafoss disertar sobre él. El americano solía vivir a toda prisa, en desorden, ajeno al mundo que había alrededor de sus pequeñas ilíadas. Aparta la otra realidad y se quedaba con la suya, tan veraz como la primera. ¿Cómo no iba a serlo? La veían sus ojos y la recordaba varios años después, tomaba unas rápidas notas en un bloc mugriento y con frenesí transcribía la historia completa.

Libro terminado. Alma agotada.

Por lo visto, el conde de Lautreamont vivió poco y mal. Al desquiciado Isidore Ducasse el mundo lo vio nacer lejos de las capitales del arte. Uruguayo de nacimiento, viajó a París o quizás lo inventó. Escribió algún opúsculo, recitó breves poesías y asustó a su madre. Nuestra amiga M. lo descubrió y nuevamente fue Álafoss quien me lo presentó a mí. Me habló de aquel ser bizarro y tenebroso, también de mente caducada y a la vez increiblemente fresca para sus tiempos. Escribió “Los cantos de Maldoror” a los 22 años. Concentró en varios meses toda una vida de genio literario y de locura vital, por lo que acabó por derretirse tras su batalla contra Dios.

Libro terminado. Alma agotada.

Juan Rulfo encarnaba el terror del escritor de principios de siglo XX. Escribir cosas sin sentido, por imposición, atrapado en la dictadura de las letras sin sentido. Era escribiente junto a un amigo en un sucio despacho. Podría haberse suicidado, claro, pero también podría haberse limitado a cocinar tortillas de patatas. Sorteaba aquel hueco existencial que le drenaba las ganas de vivir encontrando tiempo para breves artículos o rellenando servilletas de bar con ideas de personajes que nunca existirían. Finalmente se armó de valor y le prendió fuego al llano, bajo cuyo cielo naranja murieron todos los habitanes del páramo, incluído Pedro. “¿Por qué no vuelve a escribir un libro?” le preguntaban en las fiestas. “Porque ya he escrito el mejor libro en lengua castellana.” O quizás lo escribió demasiado tarde cuando ya se había quedado vacío.

Libro terminado. Alma agotada.

Álafoss y yo escribimos, que para nosotros significa tomarnos la vida con un sarcasmo y un dolor particular. No podíamos ser más diferentes y a la vez tan parecidos. A M. le encanta repetirlo y disfruta viéndonos discutir. Reímos mucho juntos, pero nuestras historias sumadas dan para llorar unas cuantas páginas. Por eso tenemos claro que el esfuerzo de reír nos vuelve heróicos, ahí está todo mérito. Hemos perdido mucho y aún somos capaces de escribirlo con cierto orgullo. Cuando la desgracia abate a cualquiera este se desespera y cuando golpea al escritor este medita como usar ese dolor en su propio provecho, que decía aquel… Van cayendo nuestros primeros cuentos conclusos, nuestras primeras novelas, nuestros primeros suspiros resignados. Nos toca perder con gracia pues ya sabemos que destino nos aguarda:

libro terminado, alma agotada, feliz resultado.

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~ por Verzo en agosto 20, 2007.

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