#14 Fuegos

Me pregunté donde estaría Álafoss. Llevaba varias semanas desaparecido. De él no había recibido más que un escueto mensaje: “missing you to death”. ¿Que habría ocurrido en su viaje? ¿Se habría convertido en piedra? Lo imagino inmóvil sobre un partenón de madera, ardiendo lentamente, deshaciéndose en las llamas, ceniza al viento. Enterrado para siempre allá lejos, en la tierra con la que más soñaba, bien apartado de nosotros para no molestarnos. Está allá, jugando con el fuego.

M me ha dicho que después de Grecia Álafoss regresaría a Salamanca y no pasaría por aquí. Con esta última nueva lo he empezado a echar de menos.

Helarte también lo ha lamentado pero enseguida ha olvidado esta tristeza. Vive sumido en el caos completo. Ha desordenado su vida creyéndose del todo las historias del carpe diem y las aventuras que prometen las fiestas mayores de pueblos cuyos nombres nadie debería conocer. Ha descuidado su trabajo hasta el punto que cada día llega más tarde e ignora las amonestaciones de su supervisores. Va a perder el puesto y entonces se lamentará del dinero, porque siempre anda escaso de dinero. ¿Cuanto hace que no pase un mes sin que esté en números rojos?

Desde que está ahogado en sus preocupaciones Helarte ha abandonado toda creatividad. No escribe cuentos ni compone música. Gasta dinero, sin parar. Bebe sin mesura cada noche y se divierte, sin duda. Pero al día siguiente la resaca le tortura algo más que el cuerpo. Desde que su corazón está partido ha caído en un pozo profundo de desidia: duda entre dos mujeres pero se resiste a confesar sus sentimientos a ninguna de las dos. Ellas, por su parte, lo tratan como a un esclavo onírico. Él las disculpa, ellas prosiguen.

Cuanta razón tenía Coetzee, pienso al ver el estado de mi amigo. Las mujeres ansían el fuego que arde dentro del artista, pero no para calentarse con él. Ese incendio que consume al buen creador le permite convertir la agonía en algo noble y hermoso. Lo que te devasta en el interior te hace inmortal por fuera. Pero ellas no quieren saborear esa efímera gloria. Ellas lo abrazan, lo aprietan fuerte con sus brazos etéreos, lo besan con labios silenciosos y húmedos. Lo apagan sin cuidado ni arrepentimiento. Luego te abandonan en busca de otra rebeldía feroz después de haber aborrecido la tuya, después de haberte moderado.

¡Moderado! ¡Malas furcias! ¡El buen artista se modera sólo si lo merece! ¿Qué le habéis hecho a Helarte? ¿Por qué habéis apagado su fuego?

Se lo comento a Berensky al salir de mi hora de natación. Él me esparaba en las gradas.

– Las mujeres siempre traen problemas- asiente con rabia -Pero tienen sus ventajas, como la socorrista morena.
-¿Qué le ocurre a la socorrista morena?

-¡Qué está muy bien! Mucho mejor que la otra, la rubia con cara de pato. Imaginate que te ahogas y te rescata la morena. ¡Eso estaría bien! Pero si lo hace la rubia, ¡puaj! ¡Que asco! No merece la pena.

Le miro enfadado. Como de costumbre ignora lo que le cuento para ponerse a hablar de lo que le apetece. Necesitaba a alguien que me ayudará a reflexionar sobre la situación de Helarte.

-Pero siempre podía ser peor que la rubia- prosigue él -Imaginate que te rescata un hombre. Eso si que daría asco. Si a mi algún día me rescata un hobmrey me hace el boca a boca, lo mato. ¡Que asco!

Ojalá estuviera aquí Álafoss, ojalá no se hubiera quemado a lo lejos.

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~ por Verzo en septiembre 6, 2007.

3 comentarios to “#14 Fuegos”

  1. siempre se vuelve a casa por navidad… XD

  2. Él tiene barba, más no es Alafoss-Noël

  3. mil disculpas…

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