#15 Trabajo, Archivo

He perdido la capacidad de diferenciar objetos a media distancia. Todo se dispersa: el perfil de un jarrón, la forma rectangular de las mesas, el infinito en el cielo, el miedo.

A veces creo sentir nostalgia por un pasado mejor o miedo por un futuro incierto (los típicos anhelos) pero desaparecen, se vuelven humo, se marchan entre hojas. Regreso a casa y pestañeo sorprendido al entrar en la penumbra. Deambulo hasta la cocina -a veces ceno- y me escondo en la habitación. ¿No debería escribir algo? ¿No tengo que hacer alguna llamada? Las obligaciones se diluyen ante mi: si me esfuerzo en capturar una las demás escapan y no regresan. Incapaz de seguirlas, como a pájaros que pasan.

Me duermo vestido y sin quitar las sábanas. Tengo pesadillas en las que sigo ordenando el Archivo, reescribiendo una y otra vez los mismos números, fotocopiando cuatro veces las copias de los documentos obsoletos, grapando la tercera hoja a la primera y la segunda con la cuarta de cada dossier. A veces empiezo a llorar y humedezco los fajos, a veces me corto la mano con el abrecartas y los empapo de carmesí.

Entonces una voz me dice que tengo que volver a empezar el proceso y el Archivo se recompone y está intacto en su primer desorden, infinito como el cielo que no veo.

Entonces una voz me despierta y me salva por unos instantes. El despertador señala la nueva hora fatal de la mañana. Me levanto de mi cama: no me cambio, no me ducho. Me dirijo al trabajo sin ser consciente de las distancias recorridas. ¿Cuanto he tardado en llegar? Un suspiro, un paso. Mis manos ya están de nuevo sobre las hojas. El Archivo sigue impertérrito, una ruina eterna de la burocracia de nuestro tiempo vertiéndose en una lenta cascada sobre mi mesa y ahogándome entre Albaranes de descarga y fax de órdenes de transporte.

Empiezo a llorar o a sangrar y entonces no se si ese es el sueño o lo real. ¿Y si por fin ha ocurrido y me he dividido en mil papeles adecuadamente separados y etiquetados? Yo mismo no tengo frontera con el mundo exterior, mi conciencia no me separa de lo inanimado.

Soy miles de estados de ánimo despedazados. Soy cien sonrisas duplicadas, soy cien copias de la tristeza. A doble cara soy arisco, con sello y firma soy alegre. Soy un llanto melancólico en un exilio mal grapado, soy el dolor transpapelado en el día a día. Soy el desorden eterno, soy el anónimo viajero.

Soy el Archivo.

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~ por Verzo en septiembre 13, 2007.

2 comentarios to “#15 Trabajo, Archivo”

  1. Me quito el sombrero. Eres un virtuoso de la palabra. Ahora soy yo quien quiere aprender de tí (y de Pizarnik, y de Woolf, y de Baudelaire).
    Espero que hayas tenido suerte en tu cruzada personal y que no sangres esta noche.. no hasta el mañana.

  2. No sé si tomarme eso de apuñalar en blanco y negro como un cumplido, pues lo bello del acto es poder observar el intenso color rojo de la sangre…
    La frase a plagiar en su totalidad es (y plagiada a su vez de algún libro, sin recordar cual): “amb habiliat fa vibrar la seva llengua eterna, per sempre divinament equivocada… “

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