#17 On the way

Me preparo para un breve exilio.

Visitaré a Álafoss y lo haré manera voluntaria. Nadie lo haría en su sano juicio, aprovechando su lejanía para aliviarse de su existencia pero lo necesito y él también parece que lo necesita.

Pienso que será un exilio banal, caracterizado únicamente por el anónimato del viajero, el silencio y la desaparición. Será un breve chispazo de la madera en el fuego y cuando vuelva a casa será como si no hubiese pasado. La vida seguirá consumiéndose en la hoguera, nuestra vida en la chimenea y esas manos que se calientan con nuestra forma en el frío vacío.

Tales pensamientos me asaltan y me acompañaran en el largo trayecto en autobús, carreteras nocturnas, billetes baratos, sillones incómodos.

Nosotros somos el fuego. ¿Será nuestra presencia bálsamo del uno para el otro? Pienso en los paseos que realizaremos y los imagino en silencio, carentes de magnetismo. Cuando él y yo estamos juntos somos dos almas diferentes, dos laberintos de distinto recorrido y de distinto minotauro. Andamos juntos y en realidad caminamos con nostros mismos: el otro es sólo una anécdota que nos sigue.

¿Cual es el bálsamo?

¿Qué será para Álafoss? Caminaremos por esos páramos grises de Salamanca, conoceremos a su población autóctona de estudiantes imbéciles, dormiremos mucho e insultaremos muchos más. O eso espero.

Sobrevivir en este mundo consiste en ser héroe reconocido de los bares de noche, emborracharse con las mezclas más absurdas de alcohol, escupir las opiniones prefabricadas de este mundo buenista (según academias de enseñanza). Tengo claro que hay que despreciar al conservador y pisotear al progresista. ¡Hay que honrar al único! ¡Hay que alabar al solitario! Que falsedad la de estas gentes, engreídas en su búsqueda de la originalidad dentro de la masa. Por los Dioses, ¡que villanos…!

Álafoss encontrará un aliado en su lucha cotidiana con la realidad descorazonadora.

¿Y que encontraré yo? Habrá odios y enemistades: el sarcasmo y el humor van reñidos con la hipocresía y la ignorancia (ambas abundan en las minas de sus sonrisas). Volveré a ver a gente que no quiero ver y procuraré que lo sepan. ¿Que cortesía se merece quien nada me aporta y nada desea de mí? Ah, que mundo repugnante en el que la amistad se impone en lugar de merecerse, repleto de alianzas futiles y promesas de amistad eterna, de falsos poetas y mujeres que se acercan y recitan algo parecido a Neruda. Ellas dicen tu voz sabe a aceitunas suaves, yo les vomito encima: lo normal en estos casos.

Hasta el infierno de este exilio autoimpuesto es un pequeño paraiso. Alejarse de casa, de mi familia, de la repetición incesante de su rutina y de su miedo a vivir. Me ahogan el pasillo de parquet, las discusiones, los argumentos que no existen, el paraguero, las voces que ordenan, la prohibición de la noche. Me estrangulan el trabajo, el Archivo, el papeleo inútil, la infantil Mónica a la que arrancaría la cabeza con las tijeras infantiles sin punta.

¡Ah, exilio! ¡Ah, libertad! Poder gritar, cerrar las puertas, pasear sin dar explicaciones, huir y regresar, oir la voz de Álafoss chillándome me voy a escribir: si me lo impides te mato, el insomnio, llamar a Alisa de vez en cuando, perderme en el laberinto.

¡Ah, el viaje! ¡Ah, el camino!

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~ por Verzo en septiembre 21, 2007.

Una respuesta to “#17 On the way”

  1. Pasatelo bien…

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