#21 Tentenpié

Eunice vino de México para quedarse pocos días. Tenía algo que hacer en Nueva Zelanda y se organizó el viaje para disponer de unas cortas vacaciones en la ciudad. Era arquitecta y trabajaba por libre, por lo que se podía permitir el lujo de malgastar su tiempo y dinero visitándonos.

Se enemistó en seguida con Alisa y con Berensky, y los dos desaparecieron durante toda la semana. Sospecho que se fueron juntos a algun albergue o casa de campo donde se acostaron juntos, importándoles bien poco la lealtad de pareja y de amistad que me profesaban. Era un mal menor y tampoco er tan grave. Al fin y al cabo, los demás pasamos una buena semana comiendo y bebiendo a cargo de nuestra amiga del otro lado del Atlántico.

A Eunice le gustaba mucho pasear, rondar por Paseo de Gracia de día, por las callejuelas del gótico o perderse en el laberinto de Neo Barris. De noche prefería andar por los parques oscuros porque tenían alma negra, que era la que ella quería tener. “Lo bueno del parque” decía “es que todo es hostil y feo. No hay esperanza. Luego sale el sol, al final sale el sol cuando no te lo esperas, y todo lo malo y sombrío se convierte en bueno y luminoso.”

Terminamos una noche dando vueltas sin rumbo. Nosotros ibamos bastante bebidos y queríamos volver a casa, pero Eunice era incombustible y nos guíaba como Ulises a sus marineros, de antro en antro, de sombra en sombra. Confiábamos en que no intentara postergar hasta el amanecer nuestro descanso. Entramos en un bar de moteros donde, de dispararme, no habría sido capaz de oírme morir. Álafoss temía al tipo alto y andrajoso que custodiaba el billar y amenazaba con una botella rota a todo aquel que se acercara a su reino. Jalik se hizo amigo enseguida de unos hombres en la barra y nos abandonó. Helarte y los demás se esfumaron. Me quedé con Galen y con Eunice que bebieron hasta que me volví invisible.

Salieron fuera atravesando el humo del tabaco. Les seguí, temeroso de quedarme a solas con el barullo de enemigos. Hacía mucho que Jalik no aparecía y seguramente había convencido o pagado a sus nuevos conocidos para que me pegaran un paliza o hundieran la cabeza en el lavabo. Me costó atravesar ese almacé de cuerpos hasta que por fin fuera me encontré con la ristra de motos aparcadas, con Galen sentado sobre una Harley Davidson que no era suya y a Eunice hablando con dos desconocidos, hombre y mujer.

“Mira” me explicó al verme “este es Josesito Zepeda, poeta.”

Saludé al hombre que también era mexicano. Se me hizo raro verle allí, por alguna extraña razón. Zepeda me estudió. Era bajito y desgarbado, y tenía un rostro famélico como de quien hace tiempo que no mastica una buena noticia.

“Les presento” nos dijo “Esta es Alejandra, mi musa de inspiración.”

Nos contó que empezó a escribir poesías en la parte blanca de los periódicos, y todos sus versos contaban que injusto era que los diarios tuvieran tan poco espacio para su arte, que injusto era el precio alto de las hojas de papel que escaseaban en su tierra. Nos explicó que se enamoró de Alejandra, su msua de inspiración, viéndola pasar delante de la ventana de su casa. Desde entonces él se detuvo delante de ella y abandonó su hogar para vivir en la calle, enfrente de su ventana, para  poder verla cada día. Ella, descubriéndole allí cada mañana le preguntó quien era o que quería.

“Escribirle poesías a mi musa de inspiración, no más.”

“¿Y quien es esa?”

“Pues no lo se señorita: todavía no me ha dicho como se llama usted.”

La parte que sigue no la entendía muy bien porque no lograba concentrarme. La historia debía de ser mala de por sí, pero Eunice hizo el esfuerzo de seguirla con interés. Por lo visto ella le rechazó y el siguió malviviendo, luego le salvó la vida en no se qué altercado. Estuvieron juntos, se separaron y ella volvió a buscarle. Vinieron aquí y no tenían ni para comer. “Ay, pero no importa” sonreía Zepeda con amargura “Mientras a mi musa de inspiración, no estaré famélico.”

Nos despedimos de ellos y al día siguiente de Eunice que partió a Nueva Zelanda. Alisa y Berensky o aparecieron. Helarte tampoco y sospechamos un secuestro. El resto de la jornada lo pasé en un parque, sentado en un banco mientras leía el periódico tratando de imaginar poesías escritas en sus márgenes. El sol invernal se ponía sin haber hecho su trabajo y dejaba un rastro de hielo en el aire. Las sombras se alargaban y todo se volvía horrible a mi alrededor, prólogo de la noche que se aproximaba. Las mujeres huyeron con sus hijos, los ancianos con los nietos. Dejaron atrás carritos y juguetes, ¡no había tiempo! Nervioso, trataba de apurar las últimas noticias del diario antes de que me engulleran las tinieblas cuando al fin vi la foto y su titular.

Zepeda aparecía esposado con la cara cubierta de sangre, escoltado por varios polícias hacia un furgón blindado. Lo habían atrapado en su piso del Raval devorando a su amante, a la que había descuartizado. El torso con sus pechos desnudos estaba limpio y escondido en el armario, la cabeza colgaba del perchero en la entrada. Un brazo y una pierna habían desaparecido y los otros dos estaba cociéndose en el horno a la llegada de los agentes, alertados por los vecinos.

“Yo sólo me comía a mi musa de inspiración, no más.” Alegaba el detenido en su defensa.

Tiré el periódico lejos y se desventró en pleno vuelo. En ese instante el sol chocó contra el suelo y se hizo la noche en un parpadeo. Lo negro cubrió el parque, los bancos, la hierba, los carritos de bebé volcados, las hojas de papel que lloriqueaban alrededor, dejándome a solas con la noche y con la desesperación.

No había comido nada en todo el día.

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~ por Verzo en octubre 17, 2007.

3 comentarios to “#21 Tentenpié”

  1. yo tambien he escrito en margenes de periodicos, pero solo cuando no tenia pepel y no queria ir a buscarlo por miedo a que las ideas se me fueran por la ventana, cosas que pasa muy a menudo…
    aunque espero no acabar devorando a mi musa, sobre todo porque tarde o temprano se acabaria su carne, y vaya chasco!

  2. Tienes esto abandonado… Qué sacrilegio. El blog resucitará para matarte.

  3. me ha gustado esta entrada, pero no recuerdo haber estado aquella noche (o quizá lo has transformado tanto que es imposible recordarlo). Esta noche tengo insomnio, aprovecho para leer todo lo tuyo. Te he dejado un comentario largo en la entrada de Salamanca que creo que llega a un punto de entendimiento en los aspectos turbios de aquellos días. Pero sin duda fueron más los diáfanos. Por último, como no dejaré más comentarios hoy, quiero recomendarte un blog. Nunca lo hago porque la mayoría, como lector, me parecen escritorzuelos de tres al cuarto, estetas sin otro valor. En cambio lo que hay escrito en el blog de Rubén (antiguo novio de Mireia) me ha parecido sinceramente muy bueno. artificios.blogspot.com ya me dirás qué te parece.
    bona nitt

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