#23 Trabajo

Pensaba que el último año de carrera en la universidad me lo estaba tomando en serio, cumpliendo con las sencillas obligaciones del estudiante: ir a las clase, prestar atención, tomar apuntes pertinentes, entregar los trabajos periódicamente, estudiar a lo largo del curso, preparar los examenes con antelación. ¿No es la tipología clásica de deberes de cualquier universitario? Para mi supondría un sobreesfuerzo teniendo en cuenta que había asistido al escaso 10% de las horas lectivas y había entregado una quinta parte de los trabajos “obligatorios” para aprobar.

Vo a completar en cinco años la carrera. Soy la demostración perfecta de un sistema putrefacto y corroído en su interior y fachada. Soy un germen, un germen genial.

Hace dos días mi exceso de celo me jugó una mala pasada. De tan responsable y activo, firmé documentos que nunca debieron ser escritos y ahora he empezado a cursar las prácticas profesionales de las que desconozco la duración y la utilidad. Sólo implican una palabra aciaga, una maldición que lleva azotando los campos de Europa desde hace más que la peste o el cristianismo: trabajo.

Vuelvo a estar solícito por superiores de rostros pétreos y supervisoras con el anhelo dulzón y grotesco de ser mis mejores amigas. Vuelvo a madrugar sin posibilidad de quedarme pérdido entre mis sábanas, vuelvo a desayunar para soportar el horario y la larga mañana. De nuevo encerrado, de nuevo con archivos a mi alrededor, con llamadas repetidas y datos errados como corona de espinas clavados en mi frente.

Sólo dos veces abro mi boca en ese lugar luminoso y brillante, despacho new-age, tan sólo dos veces le he pedido a Dios que me obligue: “buenos días” sin mirar, “hasta mañana” saliendo por la puerta.

Que cortas son las tardes…

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~ por Verzo en noviembre 15, 2007.

3 comentarios to “#23 Trabajo”

  1. Qué dura es la vida del universitario… esta vez de verdad. Echo de menos la época en la que vivías como yo – en un limbo sin horarios – y podíamos quedarnos en la cama y disfrutar de la soledad de la mañana.

  2. Hasta que no podamos vivir de la literatura, tendremos que procurarnos el mejor futuro, aunque tan ordinario como los otros.

    Sería de buen recibo que copiáses ese fragmento “que soy yo”, o por defecto, decirme autor ý título… Eso de la curiosidad…

  3. Ui, ui, ui… aún recuerdo las horas y horas de prácticas (o lo que es lo mismo, trabajos forzados de lo que nadie quiere hacer, no renumerados)…. Ahora que soy un peón más, no me importa haber dejado los estudios para ejercer de lo mío… al menos ahora recibo un sueldo digno, o lo que es lo mismo, lo justo para pagar las facturas. Besos!

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