#39 Arde

Una noche desperté: era de día. Tenía ampollas en los brazos y no recuerdo porqué.

 

Me adentré en la Zona Franca, entre naves industriales y vendedores de droga. Pasé de largo, no eran testigos. Con una pedrada certera quebré el vidrio y alguna alarma saltó a lo lejos. Esperé tras los matorrales. Baile de policías y guardias, busqueda de sospechosos probablemente ya lejos de la escena del crimen. Se dispersan, no queda nada que hacer. Entonces atravieso el pórtico de cristales rotos, enciendo la antorcha y la apoyo sobre el Archivo.

Las llamas rojas se reflejan en mis lágrimas.

Me siento lentamente ante el fuego y dejo que uno a otro los veinte mil albaranes ordenados se vayan deshaciendo. Como viento soplando sobre una duna, así todos mis esfuerzos en tantos días de trabajo van evaporándose. Mi nombre y mi obra desaparecen y ya no hay rastro. Por un segundo las cenizas son como ruinas. Luego tampoco queda eso. Mi vida se ha dispersado: una ténue lluvia de manchas grises, ni siquiera recuerdos. Igual que pasó con Anna. Todo cuanto hubo se fue con el incendio.

El Archivo era mi creación, mi monstruo, mi esfuerzo. Ahora es mi víctima. Ahora no hay Archivo. Soy Dios eliminando la Tierra.

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~ por Verzo en julio 28, 2008.

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