#48 Negociación

En el sueño las paredes del despacho eran blancas y las ruinas que rodeaban la oficina grises. Trabajaba solo y feliz, rodeado por catorce mesas, como si me hicieran especialmente alegres los montones de papeles. Ellos guardan silencio, y en el suelo y en el cielo catorce silencios son mejores que una voz monótona diciendo lo que no deseamos oir. O como aquellas que hablan y redoblan diciendo lo que no nos importa; como la felicidad ajena… En el sueño las voces de los que hablan y nunca consuelan estaban muertas, y también estaban muertas las de aquellos que nunca he oído pero que son capaces de palabras más fuertes que mis actos.

En el sueño se que si lloro me oxido, porque soy un autómata feliz trabajando sin descanso durante catorce años seguidos entre catorce mesas. La pesadilla estalla cuando a lo lejos nacen y mutan y se acercan los rugidos del monzón, y la tormenta cubre la tierra, y la lluvia no limpia el pecado del hombre. En el sueño suena una canción que nunca antes había cantado y mi piel se agrieta, y mis recuerdos pasan a ser olvidos fotografiados colgados en una pared, y chirrían las junturas de mi arnés pesado cuando recuerdo. El agua me envuelve y me va ahogando al son de la tormenta, va colándose aceitosa por los huecos de mis articulaciones llenándome, porque en el sueño estoy vacío como la letra O de la palabra Dios, y el naufragar en este mar mecánico es como ser una granada a punto de estallar.

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~ por Verzo en septiembre 10, 2008.

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