#53 Cucaracha

La cucaracha llegó por la noche, escurriéndose rápidamente cuando levanté el pijama y desapareciendo bajo la colcha.

“Puta”. Revolví mi cielo y mi tierra sin encontrarla.

Empecé a dormir, o eso creo, hasta que me despertó un cosquilleo en los pies. Me agité y encendí la luz. Un rápido repiqueteo de antenas en la duermevela se extinguió tras la mesilla. La muy zorra me la había jugado otra vez.

Ya no podía dormir. No con la pequeña bastarda riéndose de mi. Pasé horas ladrando como un perro y gimiendo como un huracán con la linterna en la mano, esperando el siguiente asalto. Sentado a la mesa, aguardé sin oir. Poco a poco el sueño volvió y fui perdiendo la conciencia, hasta quede nuevo empecó a existir el roce tenue de sus pequeñas patas serradas, afilando su locura. ¡Ahí estaba! Sobre el pequeño reloj blanco, tras la pantalla, coronando su triunfo. Se asomó para mirarme y esperó a que mi golpe se acercara lento y pesado. Se esfumó como un sueño al despertar. Ilesa.

“Puta” volví a exclamar. No hubo contestación tras la mesa. Revolví los lapiceros. Lancé las sábanas. Mire bien por las esquinas bajo las motas de polvo. No vi más su sombra. Entonces una luz portentosa apareció por la ventana para alumbrar lo estúpido de mi cruzada y el amanecer me descubrió insomne, cazando mis fantasmas.

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~ por Verzo en septiembre 23, 2008.

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