#59 Dientes

Noto los dientes como magdalenas, algo sensibles y blandos al morder. Noto la historia del hombre cuando se doblan, concepto complejo de explicar que carece de demostración científica.

Eric ha tratado de emborracharme esta noche así como yo he tratado de emborracharle a él, pero hemos fracasado cuando tras dos litros de cerveza no hacíamos más que mirarnos fijamente con una silenciosa sonrisa de victoria que clamaba “todavía no me has vencido”. Nos han echado del pub por escándalo mudo.

Nos hemos encontrado en la fría noche de Sant Cugat, ciudad que no importa. Hemos renqueado, chocando con nuestras cabezas en los retrovisores de todos los coches de la calle, camino de otros destinos que no estaban. Afortunadamente Fernando responsable no tenía sueño del todo y nos ha llevado a casa. Eric se ha quedado en la suya con Silvia -mujer responable que ya nos ha superado en el nivel académico- y nos hemos dicho adiós como quien reboza unas croquetas. La metáfora anterior está patocinada.

“¡Oh Dani, sabes que te amaré siempre!” ha llorado él.

“¡Oh Eric, sabes que siempre serás mi cuerpo favorito!” he gemido yo.

Y nos han separado con repugnancia los demás. Mañana no lo recordaremos por dignidad incorrupta.

A la vuelta pensaba en el peso de las estanterías, en el amor real que vemos en los recuerdos y en el valor satifactorio de los silencios que son derrotas. Los horarios de los autobuses a veces me derrotan a  mí, he comentado, pero nadie se ha opuesto (quizás era una verdad absoluta) por lo que he procedido a contarle al cinturón de seguridad como los griegos antiguos inventaron en verdad la bicicleta. Tragedia de llegadas al hogar. Un borracho en una esquina era todo lo que teníamos para recibirnos. “Eh, hola, ustedes” nos pedía con insistencia. Pero lo ignorábamos, porque nos daban asco su existencia y su cara, y de haberse acercado lo habríamos desventrado a mordiscos por patético. También ha quedado atrás ese idiota, como todas las reflexiones.

“¿Te das cuenta”he empezado a decirle a Verónica justo cuando me daba la espalda y me dejaba, solo, hablándole al vacío “¿Te das cuenta de lo inútiles que son nuestras reflexiones? Están muertas desde el momento en que las empezamos, porque ya las hemos olvidado cuando nace la siguiente estupidez en nuestras lenguas.”

Cuando vas notando la sed en los dientes oxidados, la noche avanza tan vacía como un tronco carcomido, un bosque húmedo, una tormenta que por fin termina. Todo empezó con un disparo a ciegas contra un árbol.

Germinó una piel blanca con una carcajada, después mármol, después gloria, después nada.

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~ por Verzo en octubre 5, 2008.

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