#68 Héroes

– Soy un héroe. Soy un puto héroe- y me levanto de la mesa del bar nocturno, y lo repito con coraje como si me lo creyera. Detrás, en la mesa, intactos como espigas en un campo sembrado de verdades, Eric y Senén sonríen y asienten condescendientes de tabaco y furias. Son como certezas enmarcadas en poses de estatuas, y no dicen nada cuando arranco y me despecho con ese grito de “que soy un héroe, ¡joder!” porque ellos ya saben que yo soy un héroe, del mismo modo que la trigonometría con sus poderes hace que Senén y yo sepamos que Eric es un héroe, o que Eric y yo sepamos que Senén es el héroe. Maravillas ecuacionales complejas.

A veces Victor también es un héroe, pero él es mucho más griego y prefiere ser un antihéroe e ir renqueando por la vida de un oasis de alcohol a otro, buscando las  respuestas en los muebles que va tirando mientras ruge a los camareros “bastardo, una copa más que soy un poeta” porque resulta que él es un poeta, y entonces hay que tratarlo y cuidarlo de forma particular.

Entonces ahí estoy, de pie de nuevo, gritando esas cosas estúpidas o tontas que deseamos oir de vez en cuando en nuestras trincheras. Por supuesto, mentiras ténues de los farsantes comunes, cuya gloria recae en sobrellevar con una sonrisa una derrota tras otra. “Eh” gimo “¿no estáis hartos de perder?” y dicen que no, porque perder rodeado de aliados es como dejarse caer, en un salto sobre el abismo, en la suave caricia de un mar de plumas.

¿Para que la victoria? Los que ganan se quedan solos sobre el pedestal de oro. Los perdedores que caemos nos encontramos una familia de ratas de cobre esperándonos en el subsuelo, en el fondo de lo ignoto, en las esquinas de Salamanca o París. Berlín es para el que vence, Lisboa gris para el que convence (por ejemplo). Las ratas de nuestras urbes en ruinas nos hablan de civilizaciones olvidadas o de versos que no existieron, y nos quieren muchos. El paraíso de los vencedores es una silenciosa broma de soledad y tempestades.

Nosotros nos dejamos caer con desidia y alegría entre gin tonics y cervezas belgas de triple fermentación, rebotamos a veces con los nombres de humanos que fueron interesantes pero que se fueron a Valencia y no volvieron. Tratamos de volar y nos reímos simulando ser aves que “una vez han estado en el cielo, caminarán por la tierra alzando la vista”, animándonos a probar de nuevo y a no desfallecer, considerando -no obstante- que al final del precipicio y de la caída nuestros huesos se astillarán rimando contra las mesas de los bares, contra las eslovacas, contra las personas que escogieron la casualidad frente a las caricias, las noches de ronco iniverno, las miradas que sí importan, el Norte lejano y bienvenido.

– Yo era un héroe…- repito mientras me siento.

– Todos lo hemos sido- contesta uno de todos ellos, y nos desvanecemos en la penumbra de la tormenta que se avecina como sombras, como amigos, como fantasmas en bancarrota, Homeros sin Troya.

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~ por Verzo en octubre 19, 2008.

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