#69 ¡Cuanto tiempo, soledad…!

Aquellas noches de verano las pasé a solas con la música en la terraza. Con la barandilla por frontera, no había nadie tras los límites de mi mundo que me echara de menos, que supiera de mi existencia. Vivir en aquel calor era como ser una duna de arena, recibiendo cada brisa con alegría por la frescura que aportaba, y mi cresta se iba yendo con el viento mientras yo me deshacía. Mi alma era una nube de polvo, un silbido, cayendo en la calle donde las pisadas la fundían con el cemento.

Morir es dejar de ser importante. Pero sonreía.

Estas noches de inviernos habrá otra música en mi pequeña nación, otros acordes insignificantes que algún día detendrán conflictos universales. De nuevo a solas tras tanto tiempo viendo reflejada, incluso en los muros impenetrables de roca, la sonrisa de aquellos que pensaban en mí cuando sonreían a miles de kilometros de distancia. De nuevo a solas, más espejismo que realidad, una sombra en una habitación a oscuras.

Estar solo es como no existir, pero sonrío.

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~ por Verzo en octubre 20, 2008.

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