#72 Los muertos

Aparece Txus, feliz, incomprensible, clamando con cierto gusto que “hoy es mi cumpleaños” y le hago caso omiso. Pero es cierto, lo reconozco, y al final le digo que le invito a un té y celebramos en el templado silencio del bar que todavía estamos vivos o que por lo menos aún lo parecemos.

Conocemos a Lucka, la eslovaca, y a Johannes, el germano, ambos siervos y adoradores del caos. “Yo creo en un orden” dice la primera con sonrisa encantadora pero calculada “que es el mío”. “Yo creo en lo que es mío” ríe el segundo, y nos muestra en una hoja de papel arrugada y rota el plan de su vida, una sucesión de recuadros que se superponen y flechas que se anteponen a la realidad. Ellos dos también parecen vivos, pero no les creo porque las máscaras son tan hermosas como la realidad.

Se lo susurro a Txus. “Tienes de acuerdo” me concede. “Estoy de razón” le permito.

Por la tarde veo a Cuervo. Está derrotado porque sabe la verdad. Se mueve con la gracia del paladín caído en desgracia, cubierto de sangre y de pecados. El ave de presa que trató de devorar estátuas, me mira con la gangrena en su mirada y me confiesa todos los finales que se ha inventado. “Si voy a caer, será con un gran estruendo y eco de victorias”. Asiento, “tranquilo” le explico “si caes, o en cualquier caso, si te matan, escribiré que fuiste grande y noble en lugar de decir la verdad”.

La noche regresa como si nunca se hubiera ido del todo, una idea completamente absurda en un día que ha sido tan densamente bueno. Txus sigue estando aquí, tomando cerveza mientras se tantea con place la garganta y “estoy enfermo, no debería seguir bebiendo” pero sigue, porque hoy -como ayer y mañana- da igual.

“Lo que importa, lo que de verdad importa…” empieza Víctor, pero enmudece un largo rato, y nosotros no le esperamos y seguimos hablando, felices de ser todavía tan jovenes como para poder cometer errores, y tanto decimos que no le oímos cuando mirando fijamente a una estúpida que se pone a cantar en el escenario del pub con un odio visceral sisea “Oh si, soy un poeta, soy un cantante, soy una puta mierda” y el día se convierte entonces en todo los días de nuestra vida, vivos despertamos y vivos cansados nos vamos hasta la siguiente aparición inusual o indómita o totalmente falsa.

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~ por Verzo en octubre 24, 2008.

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