#79 The Revolution

Por la mañana. 

Jalik y yo llegamos a la universidad y nos la encontramos con más pancartas que de costumbre. Que pasa aquí, dice él, y sonríe recordando los viejos tiempos en los que nos reprimían a puñetazos. Nos adentramos en los pasillos atestados de anarquistas que ríen, fuman y cargan de un lado a otro sacos de dormir y bolsas con víveres. Vaya, le digo, acabo de recordar que hoy okupaban la facultad por alguna protesta de las suyas. 

Nuestra clase ha sido convertida en taller, o en dormitorio, o en comedor, como todas las demás. Están pintando pancartas en el suelo cuando entramos y tratamos de sentarnos. No debéis hacer clase, dice una chica, porque eso sería como una traición. ¿Traición a qué? le preguntan. A la conciencia colectiva, dice ella, y vuelve a poner las sillas en su sitio. Efren se harta. Oye, le espeta, que nosotros queremos hacer clase diga lo que diga tu revolución del día; y coge la pancarta y con sumo cuidado la aparta. Dejádnos por lo menos la mitad de la clase. La chica ve como mi compañero mueve su obra burda sin permiso y chilla. ¡Perdona!, le grita, pero ¿es tuya esta pancarta? ¿verdad que no?.

 Es demasiado. Jalik se ríe, pero yo no le veo la gracia. ¿Ahora si créeis en la propiedad privada? le digo poniéndome entre ella y Efren. Era mía, responde gélida. Que bonito, le contesto yo, pues esta clase es nuestra. No, sonríe triunfante un muchacho con más pelo que ideas propias poniéndose al lado de la tiñosa, la universidad es pública y el aula de todos. Genial, le reto, pues resulta que esta aula la usamos nosotros cada día y es más nuestra que vuestra. Ellos ríen. La ley está de nuestra parte, cincluyen, y se miran triunfantes. No me jodáis, les escupo, o sea que esta ley del sistema si que os gusta; lo que no regula el derecho debería regularlo la ética, no las pancartas, y si queréis dibujar pancartas y comer bocatas hacedlo donde no nos molestéis. Se enfadan. No nos grites, dicen, nosotros no te hemos insultado, . ¿Como que no? Vuestra estupidez ofende.

Un brazo me coge por detrás. Jalik sigue riendo, Efren se nos acerca. El profesor dice que cambiemos de aula, que no quiere que nos peleemos con ello, dice Efren. Nos vamos. Yo tenía todo mi odio nuevecito, listo y preparado, y tengo que tragármelo como hacen todos los humanos a los que, en su sabiduría infinita, Dios decidió no darles un lanzallamas.

 

Por la noche.

En el cumpleaños de Toni, Jalik y yo pululamos. Aparecen Carlos y Aleix, los amigos homosexuales de Tnoi. Hola soy Carlos, nos saluda el primero estrechándonos la mano. Ya esta aqui vuestra reinona loca, gime Aleix como un cerdo al que le acaban de arrancar el morro a mordiscos. No nos saluda, se pavonea un rato y sigue chillando. Luego nos mira con asco, o asquito. ¿Como es que estáis aqui? pregunta con desinterés, con un movimiento amanerado de la mano. Creo que quiere que notemos que es gay, de modo que me rasco la entre pierna para demostrarle que yo tambiñen estoy conforme con mi sexualidad, pero no pilla el chiste. Hemos acompañado a Toni, también es nuestro amigo, dice Jalik. Ah, contesta el engendro, creí que no os gustaban las discotecas. Y no nos gustan digo, preferimos los pubs, sentarnos y hablar con los amigos. Aleix mira a Carlos y le pregunta en voz alta ¿no crees que las personas que van a pubs son aburridas? ¡Hay que ser tan soso y enfermo para no disfrutar de las discotecas? Carlos se encoge de hombros y nos mira con verguenza, como pidiendo perdón. Yo miro a Jalik con odio. ¿Lo matamos ahora? siseo. No, me contesta, porque pensará que lo hacemos por homofobia en lugar de porque es gilipollas.

Nos despedimos cuando se nos acaba la cerveza. Aleix vuelve. ¿Váis a terapia ahora? nos lanza ¿Demasiados gays para vosotros en una noche? Lo observo fijamente, ladeando la cabeza como quien observa una curiosa estampa, saco la lengua y bizqueo. Jalik ríe. No, le contesta mientras yo mantengo mi mueca, mañana se casa uno de mis mejores amigos, es gay y soy el padrino.

Aleix se aleja sonriendo, como quien no cree ni necesita creer lo que no es su verdad. Salturrea un poco, pellizca a Toni que lo mira con recelo. ¿No te gusta que sea gay? oímos que le pregunta. No, explica Toni, no me gusta que me pellizques ni tu ni nadie. Ya claro, chilla Aleix, reaccionario.

 

De madrugada.

Jalik y yo salimos del pub y nos caemos en el primer portal que encontramos. La cabeza nos da vueltas. El pensaba, me dijo más adelante, en los sucesos de la mañana y de la noche, de las personas que viven tan a fondo su identidad que ven como una ofensa todo lo que no sea una alabanza a su ser. ¿Has visto la revolución? me pregunta. No, suspiro con tristeza, sólo gente normal, como tu y como yo.

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~ por Verzo en noviembre 18, 2008.

3 comentarios to “#79 The Revolution”

  1. Hola Daniel! Me he pasado por tu blog y me ha hecho gracia ver esta entrada, de lo que hemos hablado hoy. ¿Ya has acabado los deberes de ruso? Siento haber estado como ausente, pero realmente estaba muy cansada y no me daba cuenta de mi comportamiento distante. Espero que nos veamos pronto! Salut! Mar

  2. diles a estos revolucionarios adictos al corta y colorea de pancartas reivindicativas que todo está perdido. quizás te crean.

  3. Estoy totalmente de acuerdo con tú opinión. Es como los hippies que quieren cambiar el mundo estando tan fumados que no pueden ni levantarse de donde están, o los que van manifestandose contra el plan de Bolonia y quieren que se deje de dar clases, pero cuando les preguntas de qué va el plan de Bolonia (porque sinceramente yo no me entero muy bien) no saben qué decirte, porque no saben contra que se están manifestando. Y así podría enumerar muchísimos más ejemplos.
    Gracias por el post. Es bueno de repente leer a alguien sensato.

    Un saludo!

    se.

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