#92 Flesh Wound

Me cansé de dibujar espirales en la tierra. Empecé a oir los truenos a los lejos. Sabía lo que estaba pasando pero miré hacia arriba y pregunté a los del parapeto “¿que pasa ahora?”. Ellos se molestaron porque les irritaba una pregunta tan estúpida. Se que era estúpida, pero quería enfadarlos para distraerme, porque eran unos gilipollas hipocondríacos. “Es la guerra” dijeron “que ha empezado alla abajo” y volvieron a otear el horizonte con sus binoculares o sus manos haciendo de visera. Mi horizonte era la pared marrón de la trinchera, no veía nada. 

De vez en cuando se miraban entre ellos y hacían una mueca de preocupación, como si pudieran hacer algo ellos para impedirlo. Yo sólo veía los papeles rotos tirados por el suelo, cubriendo casi toda la trinchera, semienterrados como los refugiados que dormían. Agotados. A los que estaba abajo conmigo les daba igual el ruido o la guerra que empezaba, sólo pensaban en dormir, y yo en que estaba aburrido. 

“¿Y qué pasa ahora?” volví a preguntar para ver si lograba cabrearlos del todo. Quizás alguno bajaría a pegarme otra paliza, no se, cualquier cosa para moverme. Pero que va, no se movieron. Una chica me miró y lanzó un sonoro “shhh” con su cara de ama de casa aburrida, como si la guerra  fuera a oirnos porque yo hablara, y seguidamente su rubio peinado estilo años 60 regresó a los ruidos lejanos. Era guapa, pero imbécil, como todos los que estábamos en la loma.

Con ayuda de los brazos, apoyados a los sacos de arena del borde, logré incorporarme y mis vista quedó a ras de suelo. Pensé en que era irónico tener unos arbustos justo delante que me impedían ver lo que pasaba más allá. Reí, poquito. Con el rabo del ojo noté que los del parapeto me volvieron a lanzar miradas de ira o repugnancia. Tampoco les gustaba que me lo tomara a broma. Les di la espalda y me fui alejando por la trinchera, cojeando, usando mi único pie para apoyarme con cuidado de no pisar a ningún durmiente. 

Los del parapeto me gritaron algo, chasquearon la lengua, dejaron caer sus binoculares otra vez. No vinieron a por mí cuando salí de la trinchera, me senté en una arboleda, me ponía a dibujar espirales en la tierra y esperaba a que toda la guerra llegara, o a que toda la sangre se fuera.

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~ por Verzo en enero 12, 2009.

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