#97 Call of duty

Desde que ella no está, él no ordena la habitación.

Mentira.

Él nunca ordenaba la habitación. Pero antes la silla azul era un estado libre asociado, y ahora cada noche el gato rojo se tumba sobre ella, y mira en la pantalla como el soldado Dimitri Petrenko con la metralleta Ppsh va matando alemanes para llegar a Berlín. “¿Que te parece, gato?” dice Dimitri, o dicen las manos sobre el teclado “¿Cruzamos la Leipziger Strasse hacia el Reichstag o bajamos por la avenida Friedrich?”. De repente un alemán surge tras una esquina, abre fuego, Dimitri se esconde tras unas cajas. Las balas silban, la Ppsh se queda atascada y empieza a llover. Sabiendo que no tiene otra esperanza, Dimitri se abalanza sobre el aleman por sorpresa y le clava el cuchillo en el pecho. Una nube de píxeles rojos y grises rubrican la crueldad del hombre, o la nueva tarjeta gráfica con cuadruple procesador integrado. El alemán muere y Dimitri vive otra noche más para luchar en Berlín. “Menudo susto”.

El gato cabecea y se enrolla, se tapa con una patita los ojos verdes. Él, que nunca ordena la habitación porque tiene que llegar a Berlín noche tras noche, se queda sin balas y sin ganas.

“Ya está bien por hoy”. Se apagan las luces. “¿Que me dices, minino? ¿Salvaremos el mundo mañana?”

Ajena al cadáver de la pantalla, la bola de pelo ronronea.

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~ por Verzo en enero 19, 2009.

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