#113 El día después

Tan ocupado ando que no tengo tiempo ni siquiera para estar preocupado o para regar con otras hipérboles de desgracias mi historia. La realidad se va haciendo cada vez más real según pasan los días. Trato de combatir contra la rutina de las vidas ajenas, las que luego serán mi vida, todas las vidas, los pasos sobre las aceras de todos aquellos que en lugar de cumplir sus sueños tienen un empleo semi-estable, de 9 a 5, unas pocas vacaciones, la promesa inútil que otorga la seguridad de un salario exiguo para pagar una casa que compartir con alguien a quien dejaron de amar sólo dos años después de iniciar la aventura de la vida en pareja.

México.

Tampoco tengo tiempo para escribir. El otro día empecé un microcuento que decía No había forma de que parara, a pesar de la puerta verde… y no pude concluirlo porque de nuevo sonaba el teléfono, o ya era hora de ir a la universidad, o había vuelto a quedarme sin dinero y no podía pagar la comida del mediodía. ¿Que pasó la última vez que no pude cumplir un capricho? ¿Se detuvo el mundo? Me parece que no.

Whisky.

Cuervo no anda mejor, y es prácticamente la única persona que veo. Sandra apareció el fin de semana, cuando él y yo estábamos en el pub enumerando con silencios los actos diversos de la semana. Ella nos comentó que Laverne no vendría, que estaba mal, se aislaba en casa, necesitaba de nuestras atenciones. Cuervo y yo nos miramos con apatía como quien observa una piedra largo rato. ¿De qué cojones nos estaba hablando? ¿Preocuparnos? ¿Nosotros? ¿De ella? Cuervo terminó su ron y yo mi cerveza. Él se fue haciendo eses pensando en la mujer que no le llama, yo me marché renqueando chocando con las farolas. Sandra nos gritó algo a modo de despedida. ¿Qué era?

Amigos.

En la Plaza de las cinco personas me encontré a Cuauchtémoch -¡Dios mío!- el amigo de Txus. Hablamos largo rato de México, de whisky, de un libro de Lowrey, de porque la plaza se llamá así, de quien soy yo y donde trabajo (trabajaba). Me invita a acompañarle a uno de sus muchos viajes, le digo que seguro. Se marcha. Le he mentido.  

En un suspiro la semana pasa, nada pasa, no hay premios. ¿Como sobrevive los demás cuando un día es otro día, y el que le sigue, y el siguiente, y siempre es lo mismo y nada cambia?

Entre Cuervo y yo se acabó decir “mañana”, porque el mañana es sinónimo de otra oportunidad. No se cuanto hace que sólo decimos “hoy-luego” para referirnos al día después, a la semana que sigue, a otro mes, al próximo año, al resto de la vida.

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~ por Verzo en marzo 24, 2009.

Una respuesta to “#113 El día después”

  1. mejoras…

    (como mínimo lo hace tu prosa)

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