#107 Más microrrelatos

Salimos del bar como los Dioses caídos de los cuentos. Nadie nos prestaba atención, y los que sí, lo hacían con el deseo de matarnos. Tras nosotros se cerró de golpe la persiana metálica y la voz del dueño se alejó con miedo hacia el interior.

Aquel que se hace llamar Alaföss de Prüfrock preguntó ¿Qué está pasando? Nosotros, que le llamamos sólo Víctor por que lo despreciamos, le explicamos que había estallado otra revolución.

Sombras rojas resplandecían en las paredes al candor de las bengalas. Los hinchas llegaron como una oleada de virtudes. Unos se detuvieron, bandera y cervezas, ante nuestro grupo y nos preguntaron si habíamos visto el partido. No, dijo uno, estábamos en una lectura. ¡No habéis visto el partido! gritaron, y el grito se extendió, y más personas se acercaron a nosotros con el odio pagano ardiendo rojo en los ojos. Nos rodearon.

Apoyamos las espaldas en la persiana metálica. Uno picó en la puerta y suplicó ayuda en voz baja, pero nadie respondió desde el interior. Otro sonrió y dio un paso adelante intentando conciliarse con los aficionados. Hubo un murmullo, luego un graznido animal surgiendo desde una farola: un chico sin camiseta se estaba convirtiendo en un cuadrúpedo.

De la nada aparecieron cuchillos, y no sin satisfacción nos dieron muerte, pues la noche era suya.

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~ por Verzo en mayo 7, 2009.

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